jueves, 6 de septiembre de 2012

Mi madre niña

Hace cinco años que doña Druci partió para convertirse en la estrella que ella solía mirar silenciosamente en las madrugadas. A doña Druci le gustaba de vez en cuando contar como era la vida de ella cuando niña. Sobre todo nos contaba cuando le haciamos remilgos a la comida. Contaba ella que la imagen que se le venía a la memoria era la de una niña típica campesina del altiplano cundiboyacense. Una niña de rasgos indígenas, con sobrero y alpargatas muy gastadas. Una ruanita para protegerse del frío y unas manos hábiles para recoger las calabazas entre matorrales cuando el hambre en casa apremiaba. Doña Druci contaba que cuando las calabazas escaseaban y las alpargatas ya estaban completamente rotas, ella iba de casa en casa, descalza, pidiendo algo para comer. Eran tiempos duros. Por eso a doña Druci no le gustaban los remilgos. A ella le gustaban los balúes, las guatilas, los chontaduros o cachipayes, las chuguas y los cubios.


lunes, 25 de junio de 2012

Humildade

Gabi mandó unos poemas hermosos de Cora Coralina (poetisa brasileña). Aquí va uno de ellos que me hace recordar a doña Druci por aquello de estar agradecido de lo mucho poco o de lo poco mucho que uno puede tener.

Humildade

Senhor, fazei com que eu aceite
minha pobreza tal como sempre foi.

Que não sinta o que não tenho.
Não lamente o que podia ter
e se perdeu por caminhos errados
e nunca mais voltou.

Dai, Senhor, que minha humildade
seja como a chuva desejada
caindo mansa,
longa noite escura
numa terra sedenta
e num telhado velho.

Que eu possa agradecer a Vós,
minha cama estreita,
minhas coisinhas pobres,
minha casa de chão,
pedras e tábuas remontadas.

E ter sempre um feixe de lenha
debaixo do meu fogão de taipa,
e acender, eu mesma,
o fogo alegre da minha casa
na manhã de um novo dia que começa.

domingo, 24 de junio de 2012

Venados y otros bichos

Hoy es el veinticuatro y una doña Juanita estaría cumpliendo setenta y ocho años... Doña Druci amaba tanto los animales que debe tener el alma en algunos de ellos. Recuerdo que cuando ella estuvo de visita por aquí queríamos ver juntas un venado esquivo que nunca apareció. Ahora y justo para su cumpleaños apareció rondando nuestra casa un venado jovencito que estaba disfrutando de cuantas flores silvestres se le cruzaban por el camino. De vez en cuando se quedaba inmóvil y paraba las orejas como para adelantarse a cualquier peligro que lo pudiera amenazar. A veces parecía como si alzara la vista y nos mirara con unos ojos profundos, unos ojos negros como los de doña Druci y parecía como si nos dijera, estoy aquí de visita para celebrar con ustedes. Felíz cumpleaños mi Druci! Un venado precioso de las praderas de mi barrio sólo para usted.