sábado, 7 de agosto de 2010

La carta sigue

Va otro pedacito de la carta del amado a la amada:

Hace pocos días estuve leyendo tu poema preferido, A solas de Ismael Enrique Arciniegas. Parece ser que en su última frase se conjugara nuestro principio como "una sola sola sombra larga". Y nuestro final "y las aves se van cuando hace frío". Te acuerdas recién nos conocíamos y este fue tu primer regalo. Qué lindo, verdad? De alguna manera nuestro Creador quiso juntarnos y hacernos felices y así también quiso despedirnos como tú le pedías. En una manera apacible y tranquila, sin molestar a nadie ni que te molestaran. Amor, espero verte pronto, mientras tanto, con la bondad del Señor, síguenos ayudando desde ese plano superior a todos.

Leíto, me hace falta el dulce sabor de tu risa, la mirada serena de tu alma, la paz eterna de tu cuerpo, la sonrisa coqueta de tu espíritu, el fresco y perfumado aliento de tu adiós.

Hasta siempre,

Carlos

Del amado a la amada

Como diría la misma Druci, hoy por fecha se cumplen dos años y once meses del vuelo de doña Druci y que mejor homenaje que una carta de su bien amado. Aquí va un pedacito de carta de él para ella:

A veces el subconsciente me traiciona y olvido tu muerte, y te llamo. Me respondes con esa melodiosa voz y la caricia inolvidable de tus ojos y el vaivén de tu cabeza. Todos juntos, cuerpo y alma parecen una mar en calma con sus gaviotas bailando y acompasando esa bella melodía que es tu cuerpo. Se escucha a los lejos Muñequita Linda, El Galerón Llanero, Vereda Tropical y algunas de Libertad Lamarque, Pedro Vargas y Carlos Gardel. Cómo te ríes y coqueteas con todas esas canciones. Hay una que te gusta mucho y es La Basurita que revive con nostalgia momentos de tu vida.

Ahora cogidos de nuestras manos como siempre te gustaba, conversamos sobre nuestros planes, nuestros sentimientos, nuestro próximo futuro, nuestra muerte y el camino a seguir. Se partieron en dos los caminos y tú te fuiste por el de la eternidad; yo seguí el de la tierra, pero seguimos dialogando, te sigo queriendo, te sigo preguntando y también me interrogas; veo que no te has vuelto a casar, que ya no das besos a las niñas extrañas como antes lo hacías. Que es imposible un abrazo y un beso de amor, porque tú sigues siendo aquella a quien amo hasta después de la muerte. No he cambiado como lo vez. Siento tu amor como antes, recibo tus caricias y consejos como siempre...

jueves, 5 de agosto de 2010

El susurro de Dios


Hay una imagen que tengo de la Druci muy de madrugada mirando al cielo, hablando con Dios...
Acompaña esta imagen un poema enviado por el "negro" como usted doña Druci le llamaba a mi hermano mayor. Viene este poema de parte de él que parece una oración suya.




De un poeta casi desconocido, Rumi:

El Señor ha susurrado algo
al oído de las rosas.
Por eso se abren
cada día a la caricia luminosa.

Ha murmurado algo a la piedra
y por eso ha surgido
la gema preciosa que centellea
allá en el fondo de la mina.

También dice algo al oído del sol
cuyas mejillas deslumbran
con relucientes destellos.

Qué será lo que el Señor
ha susurrado al oído del hombre
para que éste sea capaz
de amar... incluso a Dios?